II REPÚBLICA
"El 12 de abril de 1931, la mayoría del cuerpo electoral español, al
pronunciarse a favor de las candidaturas republicano-socialistas para las
elecciones municipales, expresaba la voluntad del país en lo que virtualmente
se había convertido en un referéndum a favor o en contra del régimen; éste se
desplomaba en cuarenta y ocho horas y al atardecer del 14 de abril la formación
del Gobierno provisional de la Segunda República española abría un período
histórico que, en puridad, no era sino una etapa más de la larga crisis de la
sociedad y el Estado españoles, presentida tras 1898 y precisada desde 1917
(...)
La proclamación de la República desplazaba al bloque socioeconómico dominante, que siempre había apostado sus cartas políticas a la Monarquía..."
(Manuel Tuñón de
Lara: Tres claves de la Segunda República, Alianza Ed., Madrid, 1985)
"El
nuevo régimen se instauró sin causar víctimas ni daños. Una alegría desbordante
inundó el país. La República venia realmente a dar forma a las aspiraciones que
desde los comienzos del siglo trabajaban el espíritu público, a satisfacer las
exigencias más urgentes del pueblo. La sociedad española ofrecía los contrastes
más violentos. En ciertos núcleos urbanos, un nivel de vida alto, adaptado a
todos los usos de la civilización contemporánea, y a los pocos kilómetros,
aldeas que aparecen detenidas en el siglo XIX. Casi a la vista de los palacios
de Madrid, los albergues miserables de la montaña. Provincias del noroeste
donde la tierra está desmenuzada en pedacitos. que no bastan para mantener al
cultivador; provincias del sur y oeste donde el propietario de 14 000 hectáreas
detenta en una sola mano todo el territorio de un pueblo. La República, como
era su deber, acentuó la acción del Estado. Acción inaplazable en cuanto a los
obreros campesinos. El paro que afectaba a todas las industrias españolas, era
enorme, crónico, en la explotación de la tierra. Cuantos conocen algo de la
economía española saben que la explotación lucrativa de las grandes propiedades
rurales se basaba en los jornales mínimos y en el paro periódico durante cuatro
o cinco meses al año, en los cuales el bracero campesino no trabaja ni come.
Con socialistas ni sin socialistas, ningún régimen que atienda al deber de
procurar a sus súbditos unas condiciones de vida medianamente humanas, podía
dejar las cosa en la situación en que las halló la República".
Manuel Azaña: Causas de
la guerra de España.
Alfonso XIII se despide del país
“Las
elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor
de mi pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque
procuré servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en
las más críticas coyunturas. Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo
alguna vez, pero sé bien que nuestra patria se mostró en todo momento generosa
ante las culpas sin malicia. Soy el Rey de todos los españoles, y también un
español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en
eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme
de cuanto sea lanzar un compatriota contra otro en fratricida guerra civil. No
renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósito acumulado
de la Historia, de cuya custodia ha de pedirme algún día cuenta rigurosa.
Espero conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y
mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del Poder Real y
me aparto de España, reconociéndola así como única señora de sus destinos.
También ahora creo cumplir con el deber que me dicta mi amor a la Patria. Pido
a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás españoles”.
ABC, 15 de abril de 1931
Yo no me refiero a las dos primeras, me refiero a esto que llaman problema religioso. La premisa de este problema, hoy político, la formulo yo de esta manera: España ha dejado de ser católica; el problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica del pueblo español.
Yo no puedo admitir, señores diputados, que a esto se le llame problema religioso. El auténtico problema religioso no puede exceder de los límites de la conciencia personal, porque es en la conciencia personal donde se formula y se responde la pregunta sobre el misterio de nuestro destino. Este es un problema político, de constitución del estado, y es ahora precisamente cuando este problema pierde hasta las semejas de religión, de religiosidad, porque nuestro Estado, a diferencia del Estado antiguo, que tomaba sobre sí la tutela de las conciencias y daba medios de impulsar a las almas, incluso contra su voluntad, por el camino de su salvación, excluye toda preocupación ultraterrena y todo cuidado de la fidelidad, y quita a la Iglesia aquel famoso brazo secular que tantos y tan grandes servicios le prestó. Se trata simplemente de organizar el Estado español con sujeción a las premisas que acabo de establecer. (…) Discurso de Azaña en el Congreso de los Diputados en 1931.
“Los principios y preceptos constitucionales en materia confesional no sólo no responden al mínimum de respeto a la libertad religiosa y de reconocimiento de los derechos esenciales de la Iglesia que hacían esperar el propio interés y dignidad del Estado, sino que, inspirados por un criterio sectario, representan una verdadera oposición aun a aquellas mínimas exigencias […].Más radicalmente todavía se ha cometido el grave y funesto error de excluir a la Iglesia de la vida pública y activa de la nación, de las leyes, de la educación de la juventud, de la misma sociedad doméstica, con grave menosprecio de los derechos sagrados y de la conciencia cristiana del país. […] De semejante separación violenta e injusta, de tan absurdo laicismo del Estado, la Iglesia no puede dejar de lamentarse y protestar, convencida como está de que las
sociedades humanas no pueden conducirse, sin lesión de deberes fundamentales, como si Dios no existiese, o desatender a la Religión, como si ésta fuera un cuerpo extraño a ellas o cosa inútil y nociva […].”
Declaración colectiva del episcopado ante la nueva Constitución (diciembre, 1931)
Artículos de la
Constitución de 1931
Artículo 1. España es
una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen
de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los
Municipios y las Regiones. La bandera de la República española es roja,
amarilla y morada.
Artículo 2. Todos los
españoles son iguales ante la ley.
Artículo 3. El Estado
español no tiene religión oficial.
Artículo 4. El
castellano es el idioma oficial de la República. Todo español tiene obligación
de saberlo y derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del
Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones […].
Art. 6º. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
Art. 7º. El Estado español acatará las normas universales del Derecho internacional, incorporándolas a su derecho positivo.
Artículo 11. Si una o
varias provincias limítrofes, con características históricas, culturales y
económicas, comunes, acordaran organizarse en región autónoma para formar un
núcleo político administrativo, dentro del Estado español, presentarán su
Estatuto con arreglo a lo establecido en el Artículo 12 […].
Artículo 26. […]. Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero. Quedan disueltas aquellas Órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos , otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado […].
Art. 34º. Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión; sin sujetarse a la previa censura (...).
Art. 36º. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinan las leyes (...).”
“La única ocasión en que en España se dan las condiciones políticas adecuadas para emprender una reforma agraria que afectase a Andalucía en el seno de un estado liberal democrático es, como se sabe, durante la Segunda República. No obstante, el proletariado rural la había estado reivindicando desde mucho antes obteniendo como respuesta, en los más de los casos, la mera represión. (...) La agricultura tenía gran peso en la economía del país durante aquella época, lo que confería a los terratenientes un poder nada despreciable que además supieron agrandar mediante alianzas con otros sectores sociales de la derecha. Estas alianzas se vieron facilitadas porque otros problemas tales como las demandas autonómicas, la crisis económica, los conflictos laborales, la fuerza del sindicalismo extraparlamentario y el laicismo republicano, entre otros, se superpusieron a la cuestión agraria aglutinando con ello a la derecha tradicional que difícilmente iba a transigir a tantas y profundas reformas simultáneas.”
Pérez Yruela, M. y Sevilla Guzmán, E.: La dimensión política en la reforma agraria.
Papers. Revista de Sociología, nº 16.
“[…] El problema de los latifundios en España [es] una cuestión grave de
enorme trascendencia económica y social para nuestra patria. No se trata solo
del hecho de que unos 7.000 propietarios posean más de 6 millones de hectáreas
en las regiones manchega, extremeña y andaluza, sino también de que disfrutan
la mayor parte de la riqueza que en ellas reproduce, dejado al resto de sus
habitantes en situación precaria, y, sobre todo, impidiendo que se intensifique
la producción y puedan Progresar esas provincias […]. Consecuencia de ellos
son: la despoblación de los campos, el deficiente cultivo, los jornales bajos,
los arrendamientos caros, la escasa y raquítica ganadería, y, en general, la
situación precaria en que se encuentra la tercera parte del territorio nacional
[…]. Ante estos hechos, es suicida y criminal cerrar los ojos para no verlos y
dejar que pasen los años y aun siglos, como hasta ahora ha ocurrido, sin
ponerles remedio. Hay, pues, que afrontar su solución con serenidad pero con
energía […]”.
Pascual Carrión, Los latifundios en España, Gráficas Reunidas, 1932
Revolución de octubre de 1934 en Asturias. Conducción de los
detenidos por la Guardia Civil tras el fracaso del movimiento insurreccional
COMPOSICIÓN DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS TRAS LAS ELECCIONES DE FEBRERO DE 1936 PARTIDOS |
ESCAÑOS |
Socialistas |
99 |
Izquierda Republicana |
87 |
Unión Republicana |
38 |
PCE |
17 |
Izquierda catalana |
37 |
Nacionalistas Vascos |
10 |
Lliga Catalana |
12 |
Republicano progresistas |
6 |
CEDA |
88 |
Radicales |
5 |
Centristas |
16 |
Renovación Española
(Monárquicos) |
12 |
Agrarios |
11 |
Tradicionalistas |
10 |
Republicanos Conservadores |
3 |
Independientes de Derecha |
3 |
Otros |
19 |
TOTAL |
473 |
GUERRA CIVIL
"El nuevo régimen se instauró sin causar víctimas ni daños. Una
alegría desbordante inundó el país. La República venía realmente a dar forma a
las aspiraciones que desde los comienzos del siglo trabajaban el espíritu
público, a satisfacer las exigencias más urgentes del pueblo. La sociedad
española ofrecía los contrastes más violentos. En ciertos núcleos urbanos, un
nivel de vida alto, adaptado a todos los usos de la civilización contemporánea,
y a los pocos kilómetros, aldeas que aparecen detenidas en el siglo XIX.
Casi a la vista de los palacios de Madrid, los albergues miserables de la
montaña. Provincias del noroeste donde la tierra está desmenuzada en pedacitos
que no bastan para mantener al cultivador; provincias del sur y oeste donde el
propietario de 14 000 hectáreas detenta en una sola mano todo el territorio de
un pueblo. La República, como era su deber, acentuó la acción del Estado.
Acción inaplazable en cuanto a los obreros campesinos".
Manuel Azaña: Causas de la guerra de España.
MANIFIESTO DEL GENERAL FRANCO
Españoles:
a cuantos sentís el santo amor a España, a los que en las filas del Ejército y
la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio a la Patria, a cuantos
jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama
en su defensa. La situación de España es cada día más crítica, la anarquía
reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento
gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas: a tiros de pistolas y
ametralladoras se dirimen las diferencias entre los ciudadanos que alevosa y
traidoramente asesinan sin que los poderes públicos impongan la paz y la
justicia. (…)
¿Es
que se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando
al mundo? (…). Españoles: ¡Viva España! ¡Viva el honrado pueblo español!
Tetuán, 17 de julio de 1936
Bando del general Mola proclamando el estado
de guerra
"Una
vez más el Ejército unido a las demás fuerzas de la Nación se ve obligado a
recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles. Se trata de establecer
el imperio del ORDEN, no solamente en sus apariencias externas, sino también en
su misma esencia; para ello precisa obrar con JUSTICIA, que no repara en clases
ni categorías sociales, a las que ni se halaga ni se persigue, cesando de estar
dividido el país en dos bandos, el de los que disfrutan del Poder y el de los
que son atropellados en sus derechos. La conducta de cada uno guiará la de la
AUTORIDAD, otro elemento desaparecido en nuestra Nación, y que es indispensable
en toda colectividad humana. El restablecimiento del principio de AUTORIDAD
exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con
que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo, sin titubeos ni
vacilaciones [...].
Para
llevar a cabo la labor anunciada,
ORDENO Y MANDO:
Artículo
1º. Queda declarado el ESTADO DE GUERRA en todo el territorio de la provincia
de Navarra y como primera providencia militarizadas todas sus fuerzas, sea
cualquiera la AUTORIDAD de quien dependían anteriormente, [...]".
Diario de
Navarra, 19 de julio de 1936
Entrega de fusiles a la población de Madrid por el gobierno de la República, 18 de julio de 1936
La
guerra es, pues, como un plebiscito armado. La lucha blanca de los comicios de
febrero de 1936, en que la falta de conciencia política del gobierno nacional
dio arbitrariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no habían
logrado en las urnas, se transformó, por la conciencia cívico-militar, en la
lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado
de los sublevados, que salió a la defensa del orden, la paz social, la
civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector,
para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese
marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de
España, con todos sus factores, por la novísima "civilización" de los
soviets rusos...
La
Iglesia no podía ser indiferente en la lucha. De una parte, se suprimía a Dios,
cuya obra ha de realizar la Iglesia en el mundo y se causaba a la misma un daño
inmenso, en personas, cosas y derechos; de la otra estaba el esfuerzo por la
conservación del viejo espíritu, español y cristiano. Afirmamos que el
levantamiento cívico-militar ha tenido en el fondo de la conciencia popular un
doble arraigo: el del sentido patriótico, que ha visto en él la única manera de
levantar a España y evitar su ruina definitiva; y el sentido religioso, que lo
consideró como la fuerza que debía reducir a la impotencia a los enemigos de
Dios, y como la garantía de la continuidad de su fe y de la práctica de la
religión […].
Carta colectiva del episcopado español sobre la guerra (1 de julio de 1937)
Ahora seguramente, os habréis preguntado, amigos italianos, por qué Mussolini sostiene a Franco y por qué la prensa fascista destila su veneno contra el pueblo español, contra los “rojos” a los que acusa de todos los crímenes, (…) Por esto la prensa de Mussolini nos trata de bandidos (…)
Por tal razón estamos aquí y se han formado las Brigadas Internacionales.
Por esto hay un heroico batallón Garibaldi, que vuelve a tomar por su cuenta
las más gloriosas tradiciones del siglo pasado…
Estamos aquí porque queremos para los ciudadanos de nuestro país, los
obreros de nuestro país, lo que el Frente Popular de aquí quiere para los
ciudadanos, obreros y campesinos españoles (…)
¡La victoria en España será para nosotros una etapa hacia la victoria en
Italia, hacia la victoria en Europa y en el mundo!
Discurso de Pietro
Nenni en Madrid, (6 de febrero de 1937)
Cartel de la Junta Delegada de Defensa de Madrid (1937)
Carteles de propaganda durante la guerra civil
Decreto nº 255
Una acción de gobierno
eficiente […] exige supeditar al destino común la acción individual y colectiva
de todos los españoles […]
Llegada la guerra a punto muy avanzado y próxima la hora de la victoria, urge acometer la gran tarea de la paz, cristalizando el Estado nuevo del pensamiento y estilo de nuestra Revolución Nacional […]Esta unificación que exijo en el nombre de España y en el nombre sagrado de los que por ella cayeron –héroes y mártires- […] no quiere decir ni conglomerado de fuerzas ni mera concentración gubernamental, ni unión pasajera […] No cerramos el horizonte a la posibilidad de instaurar en la Nación el régimen secular que forjó su unidad y su grandeza histórica […]
Por todo lo expuesto, DISPONGO:
Artículo Primero: Falange
Española y Requetés, con sus actuales servicios y elementos, se integran, bajo
Mi Jefatura, en una sola entidad política de carácter nacional que, de momento,
se denominará Falange Española Tradicionalista y de las JONS […]
Dado en
Salamanca a diecinueve de abril de 1937. Francisco Franco.
“Si la República perdiese,
resultaría imposible para los que creían en ella vivir en España. ¿Estaba
seguro de ello? Si, lo sabía por las cosas que había visto que habían sucedido
e los lugares en donde habían estado los fascistas […]. Si Luchaba en aquella
guerra era porque había comenzado en un país que él amaba y porque creía en la
república y porque si la Republica era destruida, la vida sería imposible para
todos los que creían en ella. Se había puesto bajo el mando comunista mientras
durase la guerra. En España eran los comunistas quienes ofrecían la mejor
disciplina, la más razonable y la más sana para la prosecución de la guerra
[…].
Pero, ¿Cuáles eran sus opciones
políticas? Por el momento no las tenía […]. El creía en la república como una
forma de gobierno; pero la República tendría que sacudirse a aquella banda de
cuatreros que la había llevado al callejón sin salida en que se encontraba
cuando la rebelión había comenzado.”
Hemingway, Ernest: Por quien
doblan las campanas
Camino del exilio